Posted in San José
Un hombre indiferente e incrédulo, iba a morir con la blasfemia en los labios y la desesperación en el corazón. Su mujer rezaba y lloraba, y Dios parecía no oírla. Sin embargo, la muerte llegaba
O Gloriosa Domina excelsa super sidera, qui te creavit provide, lactas sacrato ubere.