ACUÉRDATE.

San Francisco de Sales, con un alma pura, llena de la Gracia de Dios es atacado por el enemigo del alma, con un pensamiento constante y fastidioso de que se iba a condenar, por el cual perdió el apetito y no podía dormir.
El remedio lo encontró al entrar en la Iglesia de San Esteban en París y al ver la famosa Oración de San Bernardo escrita delante de una imagen de la Santísima Virgen María, se puso de rodillas y oró así:
“Acuérdate oh, Piadosísima Virgen María, que jamás se oyó decir que has abandonado a quien ha acudido a Tu Amparo, implorado Tu protección y reclamado Tu Socorro. Animado con esta confianza yo acudo a Ti”.
Y al terminar esta oración se le fueron todos los pensamientos de tristeza y desesperación. En agradecimiento a la Virgen propagó esta oración:
«Acuérdate oh Madre Santa que jamás se oyó decir que alguno te haya implorado sin Tu Auxilio recibir, por eso con fe y confianza, humilde y arrepentido lleno de amor y esperanza este favor yo te pido».
La hizo imprimir y las repartía donde quiera que llegaba.
San Alonso Rodríguez desesperado por una tentación pasó frente a una imagen de la Santísima Virgen María y exclamó: «Sancta María Mater Dei, Memento Mei. (Santa María Madre de Dios, acuérdate de mí)». Y enseguida se fue la tribulación y la angustia.
Y Sansón cuando era burla de los Filisteos en el Templo, gritó: «Señor acuérdate de mí tan solo una vez más y dame fuerza». Le llegó la fuerza y derribó el Templo.
Y el buen ladrón gritó: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a Tu Reino». Jesús respondió: «Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso».
Dios Auxilia a su pueblo acordándose de su Misericordia.