EL VALOR DE LAS PROMESAS.

La palabra promesa está escrita en el cielo con letras de oro. Y todo lo que el cielo promete lo cumple. EN LA DEVOCIÓN DE LA DIVINA MISERICORDIA JESÚS DIJO:
«Yo prometo al alma que venere la imagen de la Misericordia que no perecerá. También yo prometo ya aquí la victoria sobre los enemigos y sobre todo a la hora de la muerte. Yo el Señor la protegeré como mi propia gloria«. (Diario 48).
En un exorcismo en Italia el demonio dijo: Si las personas conocieran el valor de la imagen de la Misericordia la tendrían con un marco de oro.
En la devoción al Divino Rostro, Jesús dijo: «Prometo llenar con mi Sangre Preciosa cualquier lugar donde se encuentre esta imagen. Habrá paz y serenidad en las almas y corazones de todos aquellos que me adoren con esta imagen. Realizaré numerosos milagros».
Cuenta la historia que la Santísima Virgen María se apareció a San Fray Alonso y le dijo:
«Prometo que quien lleve esta oración aunque no sepa leer ni escribir será librado de todo mal».
Y en la oración está el siguiente testimonio:
«En el año 1893 fue arrojado en altamar un pobre hombre a quien pusieron pesadas cadenas para que se ahogara, pero viendo que iba sobre el mar sin suceder nada lo cogieron prontamente, le quitaron las cadenas y los vestidos pues todos estaban sobrecogidos por este acontecimiento y le encontraron la anterior oración que fue aprobada por el obispo de Marsella». La oración se puede encontrar en el siguiente enlace: Historia y oración a la Virgen del Carmen.
El libro de los Jueces narra que el juez Jefté hizo una promesa a Dios; sacrificar lo primero que le saliera al encuentro si obtenía el triunfo en la batalla. Ganó la batalla pero al regresar lo primero que le salió a su encuentro fue su única hija. Se rasgo las vestiduras y lanzo un grito de dolor, le conto la promesa a su hija. Y la hija le dijo: «Padre mío, si le has dado tu palabra al Señor, cumple tu promesa« (Jueces 11, 29-36). Por eso hay que tener en cuenta que: Lo que se promete se cumple.
