QUINTO DÍA DE LA NOVENA A NUESTRA SEÑORA SANTA MARÍA DE GUADALUPE.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS:
Nuestra Señora de Guadalupe, Virgen Madre del Dios verdadero por quien vivimos, Creador de todo el mundo, Creador del cielo y de la tierra, con fe te suplico este favor:
(Pedir la gracia que se desea obtener).
Recuerda, oh Virgen Inmaculada, las palabras que le has dicho a Tu devoto siervo: «Soy una Madre misericordiosa contigo y con todo tu pueblo que me ama, confía en mí e invoca mi ayuda. Escucho sus lamentos y consuelo a todos en sus dolores y sufrimientos». Te ruego que seas una Madre misericordiosa conmigo, porque te amo, confío en Ti e invoco Tu ayuda. Te suplico, Nuestra Señora de Guadalupe, que me concedas el favor que te pido, si esta es la voluntad de Dios, para que pueda dar testimonio de Tu amor, Tu compasión, Tu ayuda y Tu protección. No me abandones en mis necesidades.
Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.
Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.
Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.
Rezar tres Ave María.
QUINTO DÍA:
Durante siglos los nativos de México adoraban al sol, sacrificando innumerables seres humanos en su honor. Sin embargo, cuando vieron Tu imagen hermosa bloqueándolo para que sólo sus rayos fueran visibles, entendieron la lección que querías transmitir.
Cuando los indígenas escucharon y leyeron el mensaje contenido en Tu imagen, abandonaron sus dioses falsos y abrazaron la doctrina amorosa de Tu Divino Hijo. Nunca han dejado de dar gracias por la gran misericordia que Dios Todopoderoso derramó sobre ellos cuando te envió para ser su reina, su madre y su maestra.
Oh María Santísima, a través del misterio de la Encarnación de Tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, en el que se inició nuestra salvación, obtén para nosotros la luz para comprender la grandeza de los beneficios que Él nos ha concedido al convertirse en nuestro hermano y en darnos, a Su propia Madre Bendita, para ser también nuestra Madre.
ORACIÓN FINAL:
Recuerda, O Clemente Virgen de Guadalupe, que en Tus apariciones celestiales en el Monte de Tepeyac, prometiste mostrar Tu compasión y piedad hacia todos los que te aman y confían en Ti, buscando y pidiendo Tu ayuda en sus necesidades y aflicciones. Prometiste escuchar nuestras súplicas, secar nuestras lágrimas y darnos consuelo y alivio. Nunca se ha conocido que quien recurrió a Tu protección, imploró Tu ayuda o buscó Tu intercesión, en ansiedades personales, o para el bienestar común, haya quedado sin ayuda.
Inspirados con esta confianza, acudimos a Ti, ¡oh María, siempre Virgen Madre de Dios! Aunque sufriendo bajo el peso de nuestros pecados, venimos a postrarnos en Tu maravillosa presencia, seguros que te dignaras a cumplir Tus promesas misericordiosas. Estamos llenos de esperanza, de pie bajo Tu sombra y protección, sabemos que nada nos molestará o afectará, que no debemos temer enfermedad, desgracia o cualquier otra tristeza. Tú deseas permanecer con nosotros a través de Tu imagen admirable. Eres nuestra madre, nuestra salud y nuestra vida. Colocándonos bajo Tu mirada materna y recurriendo a Ti en todas nuestras necesidades, nosotros no necesitamos hacer nada más. Oh Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras peticiones, en Tu misericordia escúchanos y ayúdanos.
Amén.