OCTAVO DÍA DE LA NOVENA A NUESTRA SEÑORA SANTA MARÍA DE GUADALUPE.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS:

Nuestra Señora de Guadalupe, Virgen Madre del Dios verdadero por quien vivimos, Creador de todo el mundo, Creador del cielo y de la tierra, con fe te suplico este favor:

(Pedir la gracia que se desea obtener).

Recuerda, oh Virgen Inmaculada, las palabras que le has dicho a Tu devoto siervo: «Soy una Madre misericordiosa contigo y con todo tu pueblo que me ama, confía en mí e invoca mi ayuda. Escucho sus lamentos y consuelo a todos en sus dolores y sufrimientos». Te ruego que seas una Madre misericordiosa conmigo, porque te amo, confío en Ti e invoco Tu ayuda. Te suplico, Nuestra Señora de Guadalupe, que me concedas el favor que te pido, si esta es la voluntad de Dios, para que pueda dar testimonio de Tu amor, Tu compasión, Tu ayuda y Tu protección. No me abandones en mis necesidades.

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.

Rezar tres Ave María.

OCTAVO DÍA:

Cuando San Juan Diego cortó las hermosas rosas que florecieron repentinamente en el árido Cerro de Tepeyac, las llevó a Tus pies en la parte baja del cerro donde lo esperabas. Con Tus propias manos las arreglaste en su tilma, atándola alrededor de su cuello. Tú le dijiste que llevara las rosas al obispo Zumárraga como una señal para que creyera y empezara a construir Tu templo.

Al desplegar su blanca tilma, se esparcieron las diferentes flores preciosas y al mismo tiempo apareció Tu venerada imagen. Tan pronto como la vio el señor Obispo, y todos los que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro, se levantaron para verla, profundamente conmovidos y convertidos, suspensos su corazón y su pensamiento.

La Sagrada Imagen en la tela gruesa de la tilma no pudo haber sido pintada por manos humanas. Convenció al obispo, como debe convencer a cada persona que la mira de que el mensaje de San Juan Diego es verdaderamente Tuyo. Humildemente te ruego, mi Reina y Madre, déjame ser Tu mensajero como San Juan Diego, para llevar la doctrina contenida en Tu imagen a todos los que me rodean.

ORACIÓN FINAL:

Recuerda, O Clemente Virgen de Guadalupe, que en Tus apariciones celestiales en el Monte de Tepeyac, prometiste mostrar Tu compasión y piedad hacia todos los que te aman y confían en Ti, buscando y pidiendo Tu ayuda en sus necesidades y aflicciones. Prometiste escuchar nuestras súplicas, secar nuestras lágrimas y darnos consuelo y alivio. Nunca se ha conocido que quien recurrió a Tu protección, imploró Tu ayuda o buscó Tu intercesión, en ansiedades personales, o para el bienestar común, haya quedado sin ayuda.

Inspirados con esta confianza, acudimos a Ti, ¡oh María, siempre Virgen Madre de Dios! Aunque sufriendo bajo el peso de nuestros pecados, venimos  a postrarnos en Tu maravillosa presencia, seguros que te dignaras a cumplir Tus promesas misericordiosas. Estamos llenos de esperanza, de pie bajo Tu sombra y protección, sabemos que nada nos molestará o afectará, que no debemos temer enfermedad, desgracia o cualquier otra tristeza. Tú deseas permanecer con nosotros a través de Tu imagen admirable. Eres nuestra madre, nuestra salud y nuestra vida. Colocándonos bajo Tu mirada materna y recurriendo a Ti en todas nuestras necesidades, nosotros no necesitamos hacer nada más. Oh Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras peticiones, en Tu misericordia escúchanos y ayúdanos.

Amén.

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