NOVENO DÍA DE LA NOVENA A NUESTRA SEÑORA SANTA MARÍA DE GUADALUPE.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS:

Nuestra Señora de Guadalupe, Virgen Madre del Dios verdadero por quien vivimos, Creador de todo el mundo, Creador del cielo y de la tierra, con fe te suplico este favor:

(Pedir la gracia que se desea obtener).

Recuerda, oh Virgen Inmaculada, las palabras que le has dicho a Tu devoto siervo: «Soy una Madre misericordiosa contigo y con todo tu pueblo que me ama, confía en mí e invoca mi ayuda. Escucho sus lamentos y consuelo a todos en sus dolores y sufrimientos». Te ruego que seas una Madre misericordiosa conmigo, porque te amo, confío en Ti e invoco Tu ayuda. Te suplico, Nuestra Señora de Guadalupe, que me concedas el favor que te pido, si esta es la voluntad de Dios, para que pueda dar testimonio de Tu amor, Tu compasión, Tu ayuda y Tu protección. No me abandones en mis necesidades.

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.

Rezar tres Ave María.

NOVENO DÍA:

Oh Santísima Virgen María, Tú maravillosamente lograste la conversión de toda una nación. Después de ver la imagen en la tilma de su compatriota San Juan Diego, los indígenas despojaron sus templos de todos los ídolos, construyeron hermosas iglesias en cuyas torres relucientes brillaban grandes cruces con el sol. El tambor enorme, que innumerables veces había anunciado sacrificios humanos en honor a sus dioses, no se oyó más.

De muchas partes han acudido a ver y admirar la imagen milagrosa, a presenciar su carácter divino, a presentarle sus plegarias, y todos admiran la forma que eligió la Santísima Virgen María para hacerles la gracia de aparecerse, porque es un hecho que ninguna persona de este mundo tuvo el privilegio de pintar su preciosa y amada imagen.

ORACIÓN FINAL:

Recuerda, O Clemente Virgen de Guadalupe, que en Tus apariciones celestiales en el Monte de Tepeyac, prometiste mostrar Tu compasión y piedad hacia todos los que te aman y confían en Ti, buscando y pidiendo Tu ayuda en sus necesidades y aflicciones. Prometiste escuchar nuestras súplicas, secar nuestras lágrimas y darnos consuelo y alivio. Nunca se ha conocido que quien recurrió a Tu protección, imploró Tu ayuda o buscó Tu intercesión, en ansiedades personales, o para el bienestar común, haya quedado sin ayuda.

Inspirados con esta confianza, acudimos a Ti, ¡oh María, siempre Virgen Madre de Dios! Aunque sufriendo bajo el peso de nuestros pecados, venimos  a postrarnos en Tu maravillosa presencia, seguros que te dignaras a cumplir Tus promesas misericordiosas. Estamos llenos de esperanza, de pie bajo Tu sombra y protección, sabemos que nada nos molestará o afectará, que no debemos temer enfermedad, desgracia o cualquier otra tristeza. Tú deseas permanecer con nosotros a través de Tu imagen admirable. Eres nuestra madre, nuestra salud y nuestra vida. Colocándonos bajo Tu mirada materna y recurriendo a Ti en todas nuestras necesidades, nosotros no necesitamos hacer nada más. Oh Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras peticiones, en Tu misericordia escúchanos y ayúdanos.

Amén.

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