SÉPTIMO DÍA DE LA NOVENA AL ESPÍRITU SANTO.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN INICIAL (Acto de Consagración diaria al Espíritu Santo):
Recibe ¡oh Espíritu Santo!, la consagración absoluta de todo mi ser que Te hago en este día para que seas en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y el único deseo de mi Corazón.
Me abandono sin reservas a Tu acción divina y deseo ser siempre dócil a Tus Santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Fórmame con María y en María, según el modelo de nuestro amado Jesús.
Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.
SÉPTIMO DÍA (Don de Consejo):
El don de Consejo dota al alma de prudencia sobrenatural, permitiéndole juzgar con prontitud y correctamente lo que debe hacer, especialmente en circunstancias difíciles. El Consejo aplica los principios dados por el Conocimiento y el Entendimiento a los innumerables casos concretos que confrontamos en el curso de nuestro deber diario como padres, docentes, servidores públicos y ciudadanos cristianos. El Consejo es sentido común sobrenatural, un tesoro invaluable en la búsqueda de la salvación. «Y por encima de todo ruega al Altísimo, para que dirija tus pasos en la verdad» (Eclesiastés 37:15).
Oración: Ven, Oh Espíritu de Consejo, ayúdame y guíame en todos mis caminos para que siempre haga Tu Santa Voluntad. Inclina mi corazón a aquello que es bueno, apártame de todo lo malo y dirígeme por el sendero recto de Tus Mandamientos hacia esa meta de la vida eterna que yo tanto anhelo. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
ORACIÓN FINAL (Oración para pedir los siete dones del Espíritu Santo):
Oh Señor Jesucristo, que antes de ascender al Cielo prometiste enviar el Espíritu Santo para completar Tu obra en las almas de Tus Apóstoles y Discípulos, dígnate concederme el mismo Espíritu Santo, para que perfeccione en mi alma la obra de Tu gracia y Tu amor. Concédeme el Espíritu de Sabiduría, para que pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y aspirar sólo a las cosas que son eternas; el Espíritu de Entendimiento, para iluminar mi mente con la luz de Tu Divina verdad; el Espíritu de consejo, para que siempre pueda elegir la forma más segura de agradar a Dios y ganar el cielo; el Espíritu de Fortaleza, para que pueda llevar mi cruz contigo y para que pueda vencer con valentía todos los obstáculos que se oponen a mi salvación; el Espíritu de Conocimiento, para que pueda conocer a Dios y conocerme a mí mismo y perfeccionarme en la ciencia de los Santos; el espíritu de piedad, para que encuentre dulce y amable el servicio de Dios; el Espíritu de Temor, para que pueda estar lleno de una reverencia amorosa hacia Dios y pueda temer de alguna manera desagradarle. Márcame, Amado Señor, con el signo de Tus verdaderos discípulos, y anímame en todas las cosas con Tu Santo Espíritu. Amén.

