OCTAVO DÍA DE LA NOVENA POR LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

Por Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS:
Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de Tu Divino Hijo, concédenos, te rogamos, que aspirando siempre a las realidades divinas lleguemos a participar con Ella de su gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
OCTAVO DÍA:
Santísima Virgen María, Virgen Inmaculada, Reina del cielo y de la tierra, Dios te ha escogido para ser la Madre de nuestro Salvador. Te damos gracias por el Sí con el que inició la obra de la redención y que trajo la Luz al mundo. Te pedimos Madre, por Tu Gloriosa Asunción al Cielo, que intercedas por nosotros y nos alcances de Tu Divino Hijo Jesús la gracia que pedimos en esta novena:
(Pedir la gracia que se desea obtener).
Refugio de los pecadores, Madre de Dios y Madre nuestra amorosísima, Reina Asunta al Cielo, ruega por nosotros. Amén.
ORACIÓN FINAL:
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me llamarán Bienaventurada todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
Su nombre es santo,
y Su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con Su brazo,
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, Su siervo,
acordándose de la misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.








