NOVENA DE LA ANUNCIACIÓN, TERCER DÍA.

En el día tercero le fue manifestado a la Santísima Virgen María las obras del tercer día de la creación del mundo: Conoció cuándo y cómo las aguas, que estaban debajo de los cielos se juntaron, despejando a la árida, a la que el Señor llamó tierra. Y a las aguas congregadas en un lugar, llamó mares.

Conoció cómo de la tierra germinaron las hierbas frescas, y todo género de plantas y de árboles fructíferos con sus semillas. Conoció y penetro la grandeza del mar, su profundidad y divisiones, la correspondencia de los ríos y fuentes que de él se originan y a él corren.

Conoció las especies de plantas y hierbas, flores, árboles, raíces, frutos y semillas, y que todas y cada una sirven para algún efecto en servicio del hombre. Tenía superioridad sobre las virtudes, calidades y operaciones de las piedras, hierbas y plantas; y lo que prometió Cristo Nuestro Señor a sus apóstoles y primeros discípulos: que no le dañarían los venenos, aunque los bebiesen (Mc, 16:18).

Todos estos privilegios y favores siempre los tuvo ocultos la Prudentísima Reina y Señora y no usaba de ellos para sí misma, sino para el servicio de los demás.

Otro singular privilegio en favor de los mortales que recibió la Santísima Virgen María el día tercero, fue el conocimiento de la inclinación del amor Divino a ayudar a los hombres y a levantarlos de todas sus miserias. El Altísimo la hizo partícipe de Su infinita Misericordia para que después, como Madre y abogada de los pecadores, intercediese por ellos.

Desde ese día podemos decir que la Divina Señora se convirtió en Madre de piedad y de Misericordia.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS:

¡Te saludo, Santísima Virgen, Madre de Dios, Trono de Gracia, milagro del Poder Omnipotente!
¡Te saludo, Santuario de la Santísima Trinidad y Reina del Universo, Madre de Misericordia y Refugio de los pecadores!
Madre amadísima, atraído por Tu belleza y dulzura, y por Tu tierna compasión, me dirijo confiadamente a Ti, y te suplico que me obtengas de Tu amado Hijo el favor que pido en esta novena:

(Pedir la gracia que se desea obtener).

Obtén también para mí, Reina del cielo, la más viva contrición por mis pecados y la gracia de imitar estrechamente las virtudes que tan fielmente practicaste, especialmente la humildad, la pureza y la obediencia.
Sobre todo, te ruego que seas mi Madre y Protectora, que me recibas en el número de Tus devotos hijos y me guíes desde Tu alto trono de gloria.
¡No rechaces mis peticiones, Madre de Misericordia! Ten piedad de mí y no me abandones en vida ni en el momento de mi muerte.
Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

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