LOS INSTRUMENTOS DE LAS BUENAS OBRAS.

«He aquí los instrumentos del arte espiritual. Si los usamos constantemente día y noche, y los devolvemos en el día del juicio, el Señor nos dará el premio que Él mismo prometió: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre concibió lo que Dios tiene preparado para los que le aman»».

  1. En primer lugar, amar al Señor Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.
  2. Después, amar al prójimo como a sí mismo.
  3. No matar.
  4. No cometer adulterio.
  5. No robar.
  6. No codiciar.
  7. No levantar falso testimonio.
  8. Honrar a todas las personas.
  9. No hacer a otro lo que no se quiere para sí.
  10. Negarse a sí mismo para seguir a Cristo.
  11. Castigar el cuerpo.
  12. No buscar placeres.
  13. Amar el ayuno.
  14. Consolar a los pobres.
  15. Vestir al desnudo.
  16. Visitar a los enfermos.
  17. Sepultar a los muertos.
  18. Socorrer al que está en la tribulación.
  19. Consolar al afligido.
  20. Hacerse ajeno a las cosas del mundo.
  21. No anteponer nada al amor de Cristo.
  22. No dar curso a la ira.
  23. No guardar rencor.
  24. No tener dolo en el corazón.
  25. No dar una paz fingida.
  26. No abandonar la caridad.
  27. No jurar, para no jurar en falso.
  28. Decir la verdad con el corazón y con la boca.
  29. No devolver mal por mal.
  30. No inferir injuria, y sufrir pacientemente las que se le infieran.
  31. Amar a los enemigos.
  32. No maldecir a los que le maldicen, sino más bien bendecirlos.
  33. Sufrir la persecución por la justicia.
  34. No ser soberbio.
  35. No ser dado al vino.
  36. No ser comilón.
  37. No ser dormilón.
  38. No ser perezoso.
  39. No ser murmurador.
  40. No ser detractor.
  41. Poner en Dios su esperanza.
  42. Lo que hallare de bueno en sí mismo, atribuirlo a Dios y no a sí mismo.
  43. El mal, en cambio, saber que siempre lo hace uno mismo, y a sí mismo imputárselo.
  44. Temer el día del juicio.
  45. Tener pavor del infierno.
  46. Desear la vida eterna con toda codicia espiritual.
  47. Tener la muerte cada día ante los ojos.
  48. Vigilar en todo momento los actos de su vida.
  49. Estar seguro de que Dios lo mira en todo lugar.
  50. Estrellar inmediatamente contra Cristo los malos pensamientos que vienen al corazón, y manifestarlos al anciano espiritual.
  51. Guardar su boca de palabras malas o perversas.
  52. No amar el mucho hablar.
  53. No hablar palabras vanas o que muevan a risa.
  54. No amar la risa mucha o destemplada.
  55. Oír con gusto las lecturas santas.
  56. Darse frecuentemente a la oración.
  57. Confesar diariamente a Dios en la oración sus males pasados con lágrimas y gemidos.
  58. Enmendarse de esos mismos males en lo sucesivo.
  59. No satisfacer los deseos de la carne.
  60. Odiar la propia voluntad.
  61. Obedecer en todo los preceptos del Abad, aun cuando él —lo que no suceda— obre de otra manera, acordándose de aquel precepto del Señor: «Haced lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen».
  62. No querer ser llamado santo antes de serlo, sino serlo primero para que se diga con verdad.
  63. Cumplir diariamente con las obras los mandamientos de Dios.
  64. Amar la castidad.
  65. No odiar a nadie.
  66. No tener celos.
  67. No tener envidia.
  68. No amar la contienda.
  69. Huir de la altivez.
  70. Venerar a los ancianos.
  71. Amar a los jóvenes.
  72. Orar por los enemigos en el amor de Cristo.
  73. Reconciliarse antes de la puesta del sol con aquel con quien se haya tenido discordia.
  74. Y no desesperar nunca de la misericordia de Dios.

(Capítulo 4 de la Regla de San Benito).

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