NACIMIENTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (SANTA BRÍDIDA DE SUECIA).

SANTA BRÍGIDA DE SUECIA:
La Virgen María revela a Santa Brígida que Su nacimiento llenó de alegría a los ángeles en el cielo, de júbilo a los justos sobre la tierra y de espanto a los demonios en el infierno:
«Cuando mi madre me dió a luz, dice la Virgen, no estuvo oculto a los demonios mi nacimiento, y pensaron de esta suerte: Ha nacido una niña en la cual se advierte que ha de haber algo admirable; ¿qué haremos? Si le echásemos todas las redes de nuestra malicia, las destrozará como si fueran de estopa, y si investigásemos su interior, está guarecida con poderoso auxilio. No hay en ella ni una mancha como la punta de una aguja, donde haya el menor pecado, por consiguiente, es de temer que su pureza nos atormente, que su gracia disminuya nuestra fortaleza, y que su constancia nos holle debajo de sus pies.
Los amigos de Dios, que por tan largo tiempo habían estado esperando, decían por inspiración del Señor: ¿Por qué seguimos afligidos? Más bien debemos alegrarnos, porque ya nació la luz con que se alumbrarán nuestras tinieblas y se cumplirá nuestro deseo. Alegrábanse también los ángeles, aunque su gozo era siempre en la presencia de Dios y decían: ¿Nació en la tierra una criatura muy deseada y del especial amor de Dios, con la que se reformará la verdadera paz y se restaurarán nuestras ruinas?
En verdad te digo, hija mía, que mi nacimiento fue el principio de los verdaderos gozos, porque entonces brotó la vara de que salió aquella flor que deseaban reyes y profetas. Así que mi alma iluminada pudo entender algo acerca de mi Creador, le tuve un amor indecible y lo deseaba con todo mi corazón. Fui también conservada por la gracia, de suerte que ni en mi tierna edad consentí el menor pecado, porque siempre perseveraban conmigo el amor de Dios y el cuidado de los padres, la educación honesta y el trato de los buenos, y el fervor de conocer a Dios.




