SEPTIEMBRE 16: NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE LAS LAJAS.

El Padre Justino Mejía fue un historiador y escritor Nariñense. También fue capellán y párroco del Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas por más de 30 años. En su libro titulado «Tradiciones y Documentos sobre Nuestra Señora de Las Lajas» publicado en 1931, en el capítulo cuatro (Cirios y Flores), narra la historia de María Mueses de Quiñones y su hija Rosa. La primera parte, conocida por todos, fue la aparición de la Santísima Virgen María y el Niño Jesús a María y a Rosa, pero hay una segunda parte que no es tan conocida y que fue la que hizo que todos creyeran en las apariciones de Nuestra Señora de Las Lajas: el milagro de la resurrección de Rosa.
Narra el Padre Justino en el libro:
«Rosa cayó gravemente enferma y entregó su alma a Dios. María entonces desgarrada de amargura, concibió la piadosa idea de llevar el cadáver de su hija a los pies de la Señora del Pastarán, para hacerle el ingenuo recuento de las flores y de las velas, con que Rosa solía obsequiarla, y pedirle al mismo tiempo que se le restituyera a la vida». «Agobiada la Santísima Virgen María por las súplicas maternales, alcanzó de Su Divino Hijo la resurrección de Rosa».
En este video el Padre Donald Calloway narra la segunda parte de la historia de Nuestra Señora de Las Lajas: la muerte y resurrección de Rosa y la aparición de la imagen.
También escribe que todos fueron en procesión al lugar de la aparición y vieron la imagen milagrosa, era el 15 de septiembre de 1754, día del Santísimo Nombre de María.
La historia completa que escribió el Padre Justino se encuentra resumida en la página del santuario así:
«En el siglo dieciocho, en Colombia, María Meneses de Quiñones, que descendía de caciques indígenas de Potosí, solía caminar la distancia de seis millas y un cuarto que separaban su villa de otra llamada Ipiales, ubicado en el Departamento de Nariño en los límites con la frontera del Ecuador.
Un día de 1754, cuando ella se acercaba al puente encima del río Guáitara, en un sitio de nombre Las Lajas (las piedras planas y lisas), se desató una terrible tormenta. Muy asustada, la pobre indígena, se refugió en una cueva al lado del camino. Sintiéndose angustiada y sola, comenzó a invocar a Nuestra Señora del Rosario, cuyo patrocinio se había hecho popular en la región gracias a los Dominicos.
Entonces, sintió que alguien le tocó la espalda y la llamó. Ella se volteó, pero no vio nada. Con gran miedo, huyó a Potosí. Días después, María regresó a Ipiales, llevando en la espalda a su hijita Rosa, que era sordomuda. Cuando llegaron a la cueva del Guáitara, ella se sentó a descansar sobre una piedra. No había terminado de acomodarse, cuando la niña se bajó de su espalda y comenzó a treparse en las piedras de la cueva, exclamando: «¡Mami! ¡Mami!, ¡Aquí hay una señora blanca con un niño en sus brazos!»
María estaba fuera de sí del espanto, pues era la primera vez que oía a su hija hablar. Y, más aún, no veía por ninguna parte las figuras que la niña describía. Muy nerviosa y con temor, colocó a la niña sobre su espalda y se fue para Ipiales. Allí les contó a parientes y amigos lo sucedido, pero nadie le creyó.
Una vez que María arregló sus asuntos en Ipiales, regresó a su casa en Potosí. Cuando llegó al sitio donde se hallaba la cueva, sin vacilar, pasó por el frente de la entrada, y entonces Rosa gritó: «¡Mami! ¡La señora blanca me está llamando!»
María no podía ver nada. Asustada en extremo, se apresuró a llevarse a la niña lejos de allí. Cuando llegó a casa, hizo el relato a sus amistades de lo que le había pasado. De esta manera, muy pronto la región entera supo del misterio de la cueva, la cual todos conocían, pues quedaba al pie de un camino muy transitado.
Aparición de la Virgen con el Niño Jesús:
Unos días después, Rosa desapareció de su casa. María, angustiadísima, la buscó por todas partes, pero no la halló, hasta que su corazón de madre la hizo caer en la cuenta de que su hija debía haber ido a la cueva, pues a menudo decía que la mujer blanca la llamaba. Así pues, se apresuró a la cueva del Guáitara y se alegró muchísimo de que su corazón de madre no la había engañado. Vio a su hija arrodillada frente a la mujer blanca y jugando, cariñosa y familiarmente, con el niño, el cual había bajado de los brazos de su madre para permitirle a la niña disfrutar su divina y sublime ternura. María cayó de rodillas ante este hermoso espectáculo; había visto a la Santísima Virgen por primera vez.
Temerosa del menosprecio de sus parientes y vecinos, que no le habían creído lo que ya les había contado, María prefirió callar al respecto. Comenzó a frecuentar la cueva, y, poco a poco, la llenó de flores silvestres y velas de sebo, que su hija le ayudó a pegar en la vía de piedra.
Pasó el tiempo, y el secreto lo sabían sólo María y Rosa, hasta el día en que la niña cayó gravemente enferma y pronto murió. María, muy afligida, decidió llevar el cuerpo de la niña a los pies de la Señora del Guáitara. Allí le recordó a la Virgen todas las flores y velas que Rosa le solía llevar, y le pidió que le devolviera la vida.
Milagro asombroso:
Sintiéndose presionada por la tristeza de las súplicas maternales que no cesaban, la Virgen Santísima consiguió de su Divino Hijo el milagro de la resurrección de la pequeña Rosa. Llena de alegría, María se fue a Ipiales. Llegó a las diez de la noche. Les contó a todos sus allegados la maravilla ocurrida. Los que se encontraban ya durmiendo, se levantaron; hicieron que tocaran las campanas de la iglesia, y una gran muchedumbre se reunió frente a la iglesia de la villa. Ya estaba amaneciendo, y todos se dirigieron hacia la cueva. Llegaron al rayar el alba.
A las seis de la mañana, se encontraban en Las Lajas. Ya no podía haber duda acerca del milagro; de la cueva brillaban luces extraordinarias. Allí, en la pared de piedra, se hallaba grabada para siempre la imagen de la Santísima Virgen».
En éste video el Padre Donald Calloway narra la historia de Nuestra Señora de Las Lajas, especialmente la segunda parte (la muerte de resurrección de Rosa) y también habla sobre la Imagen milagrosa:
«La perla más bien pulida que en fina concha se cuaja, es la Virgen de Las Lajas en la laja aparecida».
Fray Juan de Santa Gertrudis.
El Padre Justino Mejía fue un historiador y escritor Nariñense. También fue capellán y párroco del Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas por más de 30 años. En su libro titulado «Tradiciones y Documentos sobre Nuestra Señora de Las Lajas» publicado en 1931, en el capítulo cuatro (Cirios y Flores), narra la historia de María Mueses de Quiñones y su hija Rosa. La primera parte, conocida por todos, fue la aparición de la Santísima Virgen María y el Niño Jesús a María y a Rosa, pero hay una segunda parte que no es tan conocida y que fue la que hizo que todos creyeran en las apariciones de Nuestra Señora de Las Lajas: el milagro de la resurrección de Rosa.
En este video el Padre Donald Calloway narra la segunda parte de la historia de Nuestra Señora de Las Lajas: la muerte y resurrección de Rosa y la aparición de la Imagen milagrosa.





