LA MEDALLA DEL SAGRADO ROSTRO DE NUESTRO SEÑOR JESÚS.

«Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas Tu rostro». Salmo 26.

Jesús dijo a la Beata Pierina De Micheli:

“Deseo que mi Rostro, el cual refleja las penas íntimas de mi alma, el dolor y el amor de mi Corazón, sea más honrado. Quien me contempla me consuela”.

“Cada vez que se contemple mi Rostro, derramaré mi amor en los corazones y por medio de mi Divino Rostro, se obtendrá la salvación de tantas almas”.

También le fue entregada a la Madre Pierina una medalla, parecida a una moneda que en un lado tenía una réplica de la Sábana Santa y la inscripción: «Illumina, Domine, vultum tuum super nos: Oh Señor, la luz de Tu rostro brille sobre nosotros». En el reverso había una Hostia radiante con las palabras: «Mane nobiscum, Domine: Quédate con nosotros, oh Señor».

La Santísima Virgen María dijo que la medalla, con el Rostro Adorable de Su Hijo Jesús, es un arma de defensa, un escudo de valentía, una muestra de amor y misericordia que su Divino Hijo quiso dar al mundo en estos días turbulentos de lujuria y odio hacia Dios y Su Iglesia. Un remedio Divino a todos esos males.

Una de las promesas que tiene la medalla del Rostro de Jesús es que quien la lleva y, si es posible, visita el Santísimo Sacramento el martes con devoción se le concederá el don de una gran Fe, la victoria ante todas las dificultades exteriores e interiores y una muerte feliz.

Jesús es el camino, la verdad y la vida. Si seguimos Sus enseñanzas, si cumplimos Sus mandamientos y si contemplamos siempre Su Divino Rostro podemos obtener la paz y serenidad. La verdadera paz que viene de Dios. El Divino Rostro nos mira con amor y misericordia.

ORACIÓN:

Padre Celestial yo te ofrezco el Rostro de Jesús cubierto  de Sangre y heridas en reparación por nuestros pecados y los del mundo entero.

Yo te alabo, te adoro, oh adorable Rostro de mi Salvador, protégenos, guárdanos y sálvanos.

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