JULIO 15: SAN BUENAVENTURA.

San Buenaventura es un Obispo y Doctor de la Iglesia. Nació en 1217 en Bagnoregio, Italia. Se caracterizó por su gran amor a la Virgen María, su devoción y escritos sobre la Inmaculada Concepción.

Cuando era niño padeció una grave enfermedad y su madre le prometió a San Francisco de Asís que, si sanaba, el niño entraría a la orden franciscana. Tras recuperarse milagrosamente, ingresó a la Orden de los Frailes Menores.

En 1257, fue elegido superior general de los frailes Menores. El Papa Gregorio X lo nombró Cardenal de Albano y le encomendó la preparación del Concilio de Lyon II, donde buscó la reconciliación entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa Oriental.

Después de una vida llena de grandes virtudes y piedad, murió el 15 de julio de 1274 en Lyon, Francia. Fue canonizado en 1482 por el Papa Sixto IV y declarado Doctor de la Iglesia en 1588 por el Papa Sixto V.

Algunas frases de San Buenaventura:

“Augusta Reina de los cielos. Vos que en virtud de vuestra prerrogativa de Madre de Dios podéis mandar a las potestades del infierno, dignaos mandar que impidan a los demonios causarnos el menor daño, y haced que los ángeles nos protejan y nos preserven de todo mal y de todo peligro. Amén”.

«En todo tiempo ten una gran y amorosa veneración a la gloriosa Reina, Madre de nuestro Señor. En todas tus necesidades y en todas tus penas recurre a Ella como al más seguro de los refugios, implorando su protección; tómala por abogada y encomiéndale con devoción y confianza tu vida, pues Madre es de misericordia. Ofrécele cada día un testimonio especial de veneración. Y para que tu devoción sea acogida favorablemente y tus obsequios le sean agradables, imita su pureza, conservando puros tu alma y tu cuerpo, y esfuérzate en seguir sus huellas, practicando la humildad y la mansedumbre».

“¿Habrá en el mundo quien no ame a esta amabilísima Reina? Ella es más hermosa que el sol, más dulce que la miel; ella es un tesoro de bondad llena de amor para todos, y con todos cariñosa y llena de atenciones. Por eso yo te saludo, oh Señora y Madre mía, mi corazón y mi alma. Discúlpame, oh María, si te digo que te amo, porque si no soy digno de amarte, tú sí que eres digna de ser amada por mí”.

Oración de San Buenaventura:

«Traspasa, dulcísimo Jesús y Señor mío, la médula de mi alma con el suavisísimo y saludabilísimo dardo de tu amor; co la verdadera, pura y santísima caridad apostólica, a fin de que mi alma desfallezca y se derrita siempre sólo en amarte y en deseo de poseerte: que por Ti suspire, y desfallezca por hallarse en los atrios de tu Casa; anhele ser desligado del cuerpo para unirse contigo.

Haz que mi alma tenga hambre de Ti, Pan de los Ángeles, alimento de las almas santas, Pan nuestro de cada día, lleno de fuerza, de toda dulzura y sabor, y de todo suave deleite. 

Oh Jesús, en quien se desean mirar los Ángeles: tenga siempre mi corazón hambre de Ti, y el interior de mi alma rebose con la dulzura de tu sabor; tenga siempre sed de Ti, fuente de vida, manantial de sabiduría y de ciencia, río de luz eterna, torrente de delicias, abundancia de la Casa de Dios: que te desee, te busque, te halle; que a Ti vaya y a Ti llegue; en Ti piense, de Ti hable,
y todas mis acciones encamine a honra y gloria de tu nombre, con humildad y discreción, con amor y deleite, con facilidad y afecto, con perseverancia hastael fin; para que Tú solo seas siempre mi esperanza, toda mi confianza, mi riqueza mi deleite, mi contento, mi gozo, mi descanso y mi tranquilidad, mi paz, mi suavidad, mi perfume, mi dulzura, mi comida, mi alimento, mi refugio, mi auxilio, mi sabiduría, mi herencia, mi posesión, mi tesoro, en el cual esté siempre fija y firme e inconmoviblemente arraigada mi alma y mi corazón. Amén».

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