8 DE AGOSTO: SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.

Santo Domingo de Guzmán, nació en el año 1170 en España y falleció el 6 de agosto de 1221 en Italia. Es el fundador de la Orden de los Dominicos y fue gracias a este gran Santo que se propagó la devoción del Santo Rosario.
En el libro de San Luis María Grignion de Montfort: El Secreto admirable del Santísimo Rosario, escribe cómo la Virgen María en el año 1214 enseñó la devoción del Santo Rosario a Santo Domingo de Guzmán, basado en el libro De Dignitate Psalterii (De la dignidad del Salterio de María) del Beato Alan de la Roche:
“Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque próximo a Tolosa y permaneció allí tres días y tres noches dedicado a la penitencia y a la oración continua, sin cesar de gemir, llorar y mortificar su cuerpo con disciplina para calmar la cólera divina, hasta que cayó medio muerto.
La Santísima Virgen se le apareció en compañía de tres princesas celestiales y le dijo:
«¿Sabes, querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?»
– Oh Señora, tú lo sabes mejor que yo, respondió él–; porque después de Jesucristo, tú fuiste el principal instrumento de nuestra salvación.
«–Pues sabes– añadió Ella– que la principal pieza de combate ha sido el salterio angélico, que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por ello, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, predica mi salterio».
Levantóse el Santo muy consolado. Inflamado de celo por la salvación de aquellas gentes, entró en la catedral. Al momento repicaron las campanas para reunir a los habitantes, gracias a la intervención de los ángeles. Al comenzar él su predicación, se desencadenó una terrible tormenta, tembló la tierra, se oscureció el sol, truenos y relámpagos repetidos hicieron palidecer y temblar a los oyentes. El terror de éstos aumentó cuando vieron a una imagen de la Santísima Virgen, expuesta en lugar prominente, levantar los brazos al cielo por tres veces para pedir a Dios venganza contra ellos, si no se convertían y recurrían a la protección de la Santa Madre de Dios.
Quería el cielo con estos prodigios promover esta nueva devoción del Santo Rosario y hacer que se la conociera más.
Gracias a la oración de Santo Domingo, se calmó finalmente la tormenta, él prosiguió su predicación explicando con
tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario que casi todos lo habitantes de Tolosa lo aceptaron,
renunciando a sus errores. En poco tiempo se experimentó un gran cambio de vida y costumbres en la ciudad”.
También en el mismo libro, El Secreto del Santo Rosario, podemos conocer más la vida de Santo Domingo y su devoción al Santo Rosario:
Santo Domingo, iluminado por el Espíritu Santo e instruido por la Santísima Virgen y por su propia experiencia, dedicó el resto de su vida a predicar el Santo Rosario con su ejemplo y su palabra, en las ciudades y los campos, ante grandes y pequeños, sabios, e ignorantes, católicos y herejes. El Santo Rosario -que rezaba todos los días- constituía su preparación antes de predicar y su acción de gracias después de la predicación.
Preparábase el Santo, detrás del altar mayor de Nuestra Señora de París, con el rezo del Santo Rosario, para predicar
en la fiesta de San Juan Evangelista, cuando se le apareció la Santísima Virgen y le dijo: «¡Aunque lo que tienes preparado para predicar sea bueno, aquí te traigo un sermón mejor!» El Santo recibe de manos de María el escrito que contiene el Sermón, lo lee, lo saborea, lo comprende y da gracias por él a la Santísima Virgen. Llegada la hora del sermón, sube al púlpito y, después de haber dicho en alabanza de San Juan, sólo que había sido el guardián de la Reina del cielo, dijo a la asamblea de nobles y doctores que habían venido a escucharlo y estaban acostumbrados a oír sólo discursos artificiosos y floridos, que no les hablaría con las palabras elocuentes de la sabiduría humana, sino con la sencillez y fuerza del Espíritu Santo. Les predicó el Santo Rosario, explicándoles palabra por palabra, como a niños, la salutación angélica, sirviéndose de comparaciones muy sencillas, leídas en el escrito que le diera la Santísima Virgen.
Aquí están las palabras del sabio Cartagena que él tomó, en parte del libro del Beato Alano de la Rupe, De Dignitate Psalterii:
«Afirma el Beato Alano que su Padre, Santo Domingo, le dijo un día en una revelación: ¡Hijo mío! tú predicas. Pero, para que no busques la alabanza humana sino la salvación de las almas, escucha lo que me sucedió en París:
Debía predicar en la Iglesia mayor de Santa María y quería hacerlo ingeniosamente, no por jactancia, sino a causa de la nobleza y dignidad de los asistentes. Mientras oraba, según mi costumbre, casi durante una hora, mediante la recitación de mi salterio (es decir, el Rosario) antes del Sermón tuve un éxtasis. Veía a mi amada Señora, la Virgen María, que ofreciéndome un libro me decía: «Por bueno que sea el sermón que vas a predicar, aquí traigo uno mejor!».
“Muy contento, tomé el libro, lo leí todo y, como María lo había dicho, encontré lo que debía predicar. Se lo agradecí
de todo corazón. Llegada la hora del sermón, subí a la cátedra sagrada. Era la fiesta de San Juan, pero sólo dije del Apóstol que mereció ser escogido para guardián de la Reina del cielo. En seguida hablé así a mi auditorio:
«¡Señores e ilustres Maestros! Uds. están acostumbrados a oír sermones sabios y elegantes. Pero no quiero dirigirles
doctas palabras de sabiduría humana, sino mostrarles el espíritu de Dios y su poder». Entonces, Santo Domingo les explicó la salutación angélica mediante comparaciones y semejanzas muy sencillas”.
Santo Domingo no puso en nada tanto empeño durante su vida como en alabar a la Santísima Virgen, predicar sus grandezas y animar a todo el mundo a honrarla con el Rosario. La poderosa Reina del Cielo, a su vez, no cesó de derramar sobre el Santo bendiciones a manos llenas. Ella coronó sus trabajos con mil prodigios y milagros y él alcanzó de Dios cuanto pidió por intercesión de la Santísima Virgen. Para colmo de favores, le concedió la victoria sobre los Albigenses y le hizo padre y patriarca de una gran orden.
A continuación se puede descargar el libro El Secreto del Santo Rosario, una gran lectura para los devotos del Santo Rosario y para los que quieren conocer más acerca de esta devoción que tanto agrada a Nuestra Santísima Madre María.







