ORACIÓN DE SAN JUAN XXIII A JESÚS RESUCITADO PARA PEDIR LA PAZ.

¡Oh Príncipe de la Paz, Jesús resucitado, vuelve benigno los ojos a la humanidad entera! Ella espera solamente en Ti la ayuda y el consuelo para sus heridas. Como en los días de Tu paso por la tierra, Tú siempre prefieres a los pequeños, a los humildes, a los doloridos; corres siempre a buscar a los pecadores. Haz que todos te invoquen y que todos te hallen, para tener en Ti el camino, la verdad y la vida. Consérvanos Tu paz, ¡oh Cordero inmaculado!, para nuestra salvación:

“Agnus Dei, qui tollis peccata mundi; dona nobis pacem!” ¡Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo; danos la paz!

Esta es, ¡oh Jesús!, nuestra plegaria.

Aleja del corazón de los hombres todo lo que puede poner en peligro la paz y confírmanos en la verdad, en la justicia y en el amor fraterno. Ilumina a los regidores de los pueblos para que, junto a la justa solicitud por el bienestar de sus hermanos, garanticen y defiendan el gran tesoro de la paz: enciende la voluntad de todos para que superen las barreras que los dividen, para que reafirmen los vínculos de la mutua caridad, para que se encuentren siempre dispuestos a comprender, a compadecer y a perdonar, a fin de que, en Tu Nombre, se unan todos los pueblos y triunfe en los corazones, en las familias y en todo el mundo la paz, Tu paz.

Amén.

(San Juan XXIII, 13 de abril de 1963).

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