SANTA CATALINA DE SIENA Y LA SAGRADA EUCARISTÍA.

Santa Catalina de Siena al igual que San José de Cupertino entraba en estado de extasis después de recibir la Sagrada Comunión y, como levitaba por un largo periodo de tiempo, le fue prohibido asistir a la Santa Eucarístia. En varias ocasiones la Santa Hostia se levanto milagrosamente y fue hasta donde ella se encontraba. Algunas veces Nuestro Señor Jesús le llevaba la Santa Comunión, otras veces lo hacían los Ángeles. Era tanto el amor y devoción que Santa Catalina tenía a la Sagrada Eucaristía y al Santísimo Sacramento del altar, que por mucho tiempo se alimentó solamente con la Santa Hostia.

A veces Santa Catalina veía un fuego que salía de la Hostia Consagrada y otras veces al Divino Niño Jesús. También podía diferenciar una Hostia consagrada de una no consagrada.

En cierta ocasión, Jesús dijo las siguientes palabras a Santa Catalina de Siena sobre la Sagrada Eucaristía:

“En el dulcísimo Sacramento que está bajo la blancura del pan, reciben toda la esencia Divina. Así como el sol no se puede dividir, así Cristo, todo Dios y todo Hombre no se puede dividir en la Sagrada Hostia. Supongamos que la Sagrada Hostia se divide: aunque fuera posible fragmentar la Sagrada Eucaristía en miles de Partículas minúsculas, en cada una de las Partículas minúsculas está la presencia de Cristo, todo Dios y todo Hombre. Así como cuando un espejo se parte en miles de pedazos, la imagen reflejada se sigue viendo; así, dividiendo esta Santa Hostia, no se divide ni Dios ni el Hombre porque en cada parte está el Todo.

Veamos el siguiente ejemplo: si tuvieras una vela y todo el mundo encendiera su vela con esa sola vela, la luz de la vela no disminuiría y todos tendrían una vela encendida. Si bien es cierto que quienes participan en el encendido de velas pueden tener más o menos llama, porque cada uno recibe el fuego según la materia que lleva.

Si hubiera mucha gente trayendo velas de todos los tamaños, una persona con dos velas y otra con seis velas y otra con una vela que pesa una onza y otra con una vela que pesa una libra o más, entonces podrías ver todas las velas encendidas. Es verdad que en cada vela encendida, grande o pequeña, se ve toda la llama, es decir, el calor, el color y la misma luz; así pues, puedes juzgar que tiene menos luz aquél que tiene sólo una onza respecto al que tiene una libra. Así sucede con este Sacramento: El hombre lleva su vela, que es el deseo santo con el cual se recibe y se toma este Sacramento; pero tal vela en sí misma está apagada y se enciende cuando se recibe la Eucaristía. En efecto, como son todos iguales, hechos y creados a mi Imagen y semejanza, y como cristianos están ungidos con el Santo Bautismo, pueden crecer en la virtud cuanto quieran por mi Divina Gracia. No están cambiando la vida espiritual que les he dado, pero pueden crecer y aumentar en el amor a la virtud, usando el libre albedrío con la virtud, con el cariño caritativo, mientras aún tengáis tiempo, porque pasado el tiempo, ya no será posible”.

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