SAN ANSELMO Y EL MILAGRO DEL PEZ.

Un día, yendo san Anselmo de viaje, se encontró con un monje al que preguntó:

—¿Hay por aquí cerca alguna hospedería en la que pueda alojarme?

El monje le respondió:

—Nosotros tenemos una no lejos de aquí, pero carecemos de subsistencias. Precisamente hoy no disponemos en casa más que de un poco de pan y de un trozo de queso, y eso es lo que cenaremos esta noche.

San Anselmo, sonriendo, le dijo:

— No temas, buen hombre. Regresa inmediatamente a la hospedería, toma una red, vuelve aquí con ella, échala en ese arroyo que ves ahí y pescarás un pez de tan gran tamaño que dará suficientemente de sí para que esta noche cenemos todos.

El monje salió corriendo hacia su monasterio, buscó a un hermano muy experto en el arte de la pesca y le comunicó lo que el religioso forastero con el que se cruzó en el camino le había dicho. El hermano experto en pesca tomó a risa lo que el otro le estaba diciendo; pero como éste insistiera en que no debería tomar a broma todo aquello, porque el monje que le había aconsejado todo
esto parecía persona muy formal y virtuoso, accedió a probar fortuna, tomó la red, se fue al riachuelo y, sin la menor esperanza de sacar nada, la metió en el agua, y apenas la red se había sumergido cuando he aquí que cayeron en ella una trucha de descomunal tamaño y un pececillo corriente. De esta forma pudieron cenar todos esa noche como lo había dicho San Anselmo.

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