ABRIL 21: SAN ANSELMO.

San Anselmo es uno de los doctores de la Iglesia, también llamado «Doctor Magnífico». El Papa Benedicto XVI dijo que San Anselmo es un «Monje de intensa vida espiritual, excelente educador de jóvenes, teólogo con una extraordinaria capacidad especulativa, sabio hombre de gobierno e intransigente defensor de la libertas Ecclesiae, de la libertad de la Iglesia, san Anselmo es una de las personalidades eminentes de la Edad Media, que supo armonizar todas estas cualidades gracias a una profunda experiencia mística que guió siempre su pensamiento y su acción».
También nos dice el papa Benedicto XVI:
«San Anselmo nació en 1033 (o a principios de 1034) en Aosta, primogénito de una familia noble. Su padre era un hombre rudo, dedicado a los placeres de la vida y dilapidador de sus bienes; su madre, en cambio, era mujer de elevadas costumbres y de profunda religiosidad. Fue ella quien cuidó de la primera formación humana y religiosa de su hijo, que encomendó después a los benedictinos de un priorato de Aosta. San Anselmo, que desde niño imaginaba la morada de Dios entre las altas y nevadas cumbres de los Alpes, soñó una noche que era invitado a este palacio espléndido por Dios mismo, que se entretuvo largo tiempo y afablemente con él y al final le ofreció para comer «un pan blanquísimo». Este sueño le dejó la convicción de ser llamado a cumplir una alta misión.
«A la edad de quince años pidió ser admitido en la Orden benedictina, pero su padre se opuso con toda su autoridad y no cedió siquiera cuando su hijo, gravemente enfermo, sintiéndose cerca de la muerte, imploró el hábito religioso como supremo consuelo».
«A la edad de 27 años entró en la Orden monástica y fue ordenado sacerdote». «Recibió la solemne consagración episcopal (como Arzobispo de Canterbury) en diciembre de 1093».
«Murió el 21 de abril de 1109, acompañado por las palabras del Evangelio proclamado en la santa misa de ese día: «Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas; yo, por mi parte, dispongo un reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino». El sueño de aquel misterioso banquete, que había tenido desde pequeño precisamente al inicio de su camino espiritual, encontraba así su realización. Jesús, que lo había invitado a sentarse a su mesa, acogió a san Anselmo, a su muerte, en el reino eterno del Padre«.

«Ven ahora , hombre insignificante, huye por un instante de tus asuntos, escapa por un momento del tumulto de tus pensamientos. Deja a un lado tus pesadas preocupaciones y abandona tus fatigantes labores. Abandónate por un instante a Dios y descansa un poco en él. Entra en la cámara interior de tu alma, cierra la puerta a todo excepto a Dios y a lo que pueda ayudarte en tu búsqueda de él, y una vez cerrada la puerta, búscalo». San Anselmo.
Oración:
Oh Dios, que inspiraste a San Anselmo con un ardiente deseo de encontrarte en la oración y la contemplación en medio del ajetreo de las ocupaciones cotidianas, ayúdanos a encontrar tiempo en el frenético ritmo de nuestros días, entre las preocupaciones y afanes de la vida moderna, para conversar contigo, nuestra única esperanza y salvación. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.





