PALABRAS DE JESÚS SOBRE LA IMPORTANTE MISIÓN DE LOS SACERDOTES EN EL CUIDADO DE SUS OVEJAS. (SANTA BRÍGIDA DE SUECIA).

Dice Jesús:

Un labriego tenía una esposa que no quería más que lo que él quería, que poseía todo en común con su marido y lo aceptó
como a su maestro, obedeciéndole en todo como a su maestro. Este campesino también tenía un montón de ovejas y contrató a un pastor para que las cuidara por cinco piezas de oro y por la provisión de sus necesidades diarias. Este era un buen pastor que hizo un buen uso del oro y del alimento, en la medida de sus necesidades.

A medida que pasó el tiempo, este pastor fue sucedido por otro pastor, uno inferior, quien empleó el oro para comprarse una esposa y darle su alimento, que descansaba con ella constantemente y no cuidaba de las pobres ovejas, que fueron acosadas y dispersadas por bestias feroces. Cuando el labriego vio su rebaño disperso, gritó diciendo: «Mi pastor no me es fiel. Mi rebaño se ha dispersado y algunas ovejas han sido devoradas indefensas, por bestias feroces, mientras que otras han muerto aunque sus cuerpos no han sido destrozados». Entonces, la mujer del campesino le dijo a su marido: «Señor, es cierto que no recuperaremos los cuerpos que han sido devorados. Pero vamos a llevarnos a casa y a usar aquellos cuerpos que han quedado intactos, aunque ya no haya respiro vida en ellos. No podríamos soportar el quedarnos sin nada». Su marido le respondió: «¿Qué podemos hacer? Al tener los animales veneno en sus dientes, la carne de las ovejas está infectada de veneno mortal, su piel está corrompida, la lana está amazacotada». Su mujer agregó: «Si todo se ha desperdiciado y todo se ha perdido, entonces ¿de qué vamos a vivir?». El marido dijo: «Veo que hay algunas ovejas aún vivas en tres lugares: Algunas de ellas parecen muertas y no se atreven a respirar, por temor. Otras están enterradas en barro y no pueden levantarse. Aún otras están escondidas y no se atreven a salir. ¡Ven, esposa, vamos a levantar a las ovejas que están tratando de ponerse de pie pero no pueden sin ayuda, y vamos a usarlas!».

Observa, Yo, el Señor, soy el campesinoEl primer pastor que tuve simboliza a mis amigos, o sea, a los sacerdotes que
acostumbraba a tener en la Santa Iglesia
. A ellos les confié mi rebaño, es decir mi venerabilísimo cuerpo, para que lo consagraran, y las almas de mis elegidos para que las gobernaran y protegieran. También les di cinco cosas buenas, más preciosas que el oro:

  1. Una captación inteligente de todos los temas enigmáticos para que distinguieran entre el bien y el mal, entre la verdad y la falsedad.
  2. Segundo, les di penetración y sabiduría de temas espirituales. Esto se ha olvidado ahora y, en su lugar, se ama el conocimiento del mundo.
  3. Tercero, les di castidad;
  4. Cuarto, templanza y abstinencia en todo para un autocontrol de su cuerpo;
  5. Quinto, estabilidad en los buenos hábitos, palabras y obras.

Tras este primer pastor, o sea, después de estos amigos míos que solía haber en mi Iglesia en tiempos pasados, ahora han entrado otros pastores malvados. Ellos han comprado una esposa para sí mismos a cambio del oro, o sea, a cambio de su castidad, y, por esas cinco cosas buenas, tomaron para sí el cuerpo de una mujer, es decir, la incontinencia. Por ello mi Espíritu se ha apartado de ellos. Cuando tienen total voluntad de pecar y de satisfacer a su esposa, es decir, a su lujuria, según su sentido del placer, mi Espíritu está ausente de ellos, pues no se preocupan de la pérdida del ganado mientras puedan seguir su propia voluntad.

  • Las ovejas que fueron completamente devoradas representan a aquellos cuyas almas están en el infierno y cuyos cuerpos están enterrados en tumbas a la espera de la resurrección del eterno castigo.
  • Las ovejas cuyos cuerpos están intactos, pero cuyo espíritu de vida ya no está en ellos, representan a las personas que ni me aman ni me temen, no sienten devoción alguna ni les importo. Mi Espíritu está lejos de ellos, pues los dientes envenenados de las bestias han contaminado su carne. En otras palabras, sus pensamientos y espíritu, como lo simbolizan la carne y entrañas de la oveja, son para mí tan repugnantes como lo es comer carne envenenada. Su piel, es decir, su cuerpo, está desprovisto de toda bondad y caridad y no vale para servir en mi Reino. Al contrario, será enviado al fuego sempiterno del infierno después del juicio. Su lana, o sea, sus obras, son tan inútiles que no hay nada en ellos que les haga merecer mi amor y mi gracia.

Entonces, buenos cristianos (es decir, esposa mía) ¿Qué podemos hacer? Veo que aún hay ovejas vivas en tres lugares.

  • Algunas se parecen a la oveja muerta y no se atreven a respirar por miedo. Estos son los gentiles que de buena gana adoptarían la verdadera fe si la conocieran. Sin embargo, no se atreven a respirar, o sea, no se atreven a perder la fe que ya tienen y no se atreven a aceptar la verdadera fe.
  • El segundo grupo de ovejas es el de aquellas que están escondidas y no se atreven a salir. Estas representan a los judíos que, por decirlo de alguna manera, están como detrás de un velo. Con gusto saldrían, si tuvieran certeza de que yo nací. Se esconden tras el velo en la medida en que su esperanza de salvación está en las figuras y signos que acostumbraban a simbolizarme en la antigua Ley, pero que fueron verdaderamente realizados en mí, cuando me encarné. Por su vana esperanza tienen miedo de salir a la verdadera fe.
  • En tercer lugar, las ovejas que quedaron atrapadas en el barro son los cristianos en estado de pecado mortal. Por su miedo al castigo, están deseosos de levantarse de nuevo, pero no pueden debido a lo grave de sus pecados y porque les falta caridad.

Por eso, esposa mía, o sea mis buenos cristianos, ¡ayudadme! Igual que la mujer y el hombre son considerados una sola carne y un solo miembro, así el cristiano es mi miembro y Yo soy de él, pues estoy en él y él está en mí. Así pues, esposa mía, mis buenos cristianos, ¡acudid conmigo a las ovejas que aún respiran un poco y vamos a levantarlas y revivirlas! ¡Sostened sus lomos mientras yo les sostengo la cabeza! Me regocija el llevarlas en mis brazos. Una vez las cargué todas sobre mi espalda, cuando ésta estaba toda herida y pegada a la cruz.

¡Oh, amigos míos! Amo tan tiernamente a estas ovejas que, si me fuese posible sufrir, por cualquiera de estas ovejas individualmente, la muerte que sufrí una vez en la cruz por todas ellas, antes que perderlas, así las redimiría. Por ello, con todo mi corazón, les ruego a mis amigos que no escatimen esfuerzos ni bienes por mí. Si Yo no escatimé reproches cuando estuve en el mundo, que no se achiquen ellos a la hora de decir la verdad sobre mí. Yo no me avergoncé de morir una muerte despreciable por ellos, sino que me mantuve ahí igual que cuando vine al mundo, desnudo ante los ojos de mis enemigos.

Fui golpeado en los dientes por sus puños; fui arrastrado por el pelo de sus dedos; fui azotado por sus azotes; fui clavado en la madera con sus herramientas, y colgado en la cruz junto a maleantes y ladrones. ¡Por tanto, amigos míos, no escatiméis esfuerzos por mí, que resistí todo esto por mi amor hacia vosotros! ¡Trabajad valientemente y ayudad a mi necesitado rebaño! Por mi naturaleza humana, que es el Padre porque el Padre está en mí, y por mi naturaleza divina, que es mi Espíritu porque el Espíritu está en ella y porque el mismo Espíritu está en mí y en Él, siendo estos tres un solo Dios en tres Personas, juro que: ACUDIRÉ A AQUELLOS QUE SE ESFUERCEN EN CARGAR MIS OVEJAS CONMIGO, LOS AYUDARÉ MIENTRAS CAMINAN Y LES DARÉ UN PRECIOSO ESTIPENDIO: YO MISMO, EN SU GOZO SEMPITERNO.

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